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DOCUMENTOS BÁSICOS

AMÉRICA LATINA Y EL ESPACIO SOCIALISTA

(II Conferencia, 17/05/1987)

Los socialistas latinoamericanos somos continuadores de la lucha de nuestros pueblos por su liberación: de las gestas heroicas de Bolívar, Artigas, San Martín, Morazán, hidalgo, Morelos, Zapata, Martí, Sandino y de todos los luchadores sociales que han contribuido a la liberación de nuestra América.

Los aportes a la lucha y al pensamiento socialista latinoamericano de José Carlos Mariátegui, Vivian Trias, Manuel Ugarte, Marcelo Quiroga Santa Cruz, Carlos Fonseca Amador; de las revoluciones cubana y sandinista, de la que encabezó en Perú el general Velasco Alvarado, o del movimiento libertador que impulsó en Panamá el general Omar Torrijos; de la lucha del gobierno de la Unidad Popular, abanderada por el presidente mártir Salvador Allende, entre otros movimientos, han contribuido a marcar el camino de la transformación social de América Latina.

Los años cincuenta fueron de grandes avances del movimiento nacional y popular. Entre otros, la revolución de Bolivia y el gobierno democrático de Arbenz (finalmente derrocado por Estados Unidos); también cayeron varias dictaduras y triunfó la revolución cubana.

Más tarde y al calor de la revolución cubana, surgieron nuevas experiencias y nuevos partidos socialistas. La vida probó que solo avanzaron las formas de lucha adecuadas a cada realidad y que los nuevos partidos socialistas surgidos en esos años incorporaron su savia nueva al tronco histórico del socialismo latinoamericano. En ese tiempo, los cubanos defienden heroicamente su revolución. También solitariamente en el sur, triunfa, se desarrolla y sucumbe la revolución peruana, cuya influencia perduró más allá de sus fronteras. De su matriz aparece, años después, una de las vertientes que fundaron el Partido Socialista Revolucionario.

En los años setenta, el sur se alumbra con los gobiernos populares de Salvador Allende en Chile y de Cámpora en Argentina. En Uruguay nace el Frente Amplio, que rompe el coágulo del bipartidismo dominante. Al finalizar la década, en el centro del continente triunfa el sandinismo nicaragüense y el proceso revolucionario se abre camino en El Salvador. Al renacimiento del sur lo segaron sendos golpes militares. Granada fue derrotada con la invasión norteamericana. Nicaragua, del triunfo a nuestros días, vive agredida y, bajo el peso de la amenaza imperialista, defiende la dignidad de todos.

Durante los años ochenta, especialmente en países de emergencia democrática y revolucionaria, se amplia el espacio de las ideas socialistas. Junto a esta corriente histórica surgen otras nuevas. En realidad, asistimos al agotamiento histórico de las políticas liberales y populistas. El brutal ensayo neoliberal sólo agudizó las contradicciones sociales y puso al desnudo las enormes limitaciones de los gobiernos conservadores y del statu quo.

Por otra parte, traen nuevos alientos los avances electorales de diversas fuerzas de signo socialista en otras regiones, y muy especialmente las luchas y los logros del movimiento de liberación nacional en el Tercer Mundo.

El descrédito de las opciones de derecha, particularmente la crisis en la que ha entrado la administración Reagan y su política intervensionista, son factores que amplían el espacio político del socialismo, pero influye sobre todo la experiencia de los sectores populares durante el periodo autoritario, y la capacidad del socialismo para recoger esta experiencia y asumir la lucha por la democracia.

La transición democrática en países como Argentina, Uruguay y Brasil, compromete al socialismo latinoamericano en defensa de la democracia recién conquistada frente a las tentaciones de involución autoritaria pero le exige, además, estrategias de superación del modelo de democracia restringida.

Es esta la hora de buscar los frutos de la larga siembra de nuestros forjadores y de ver madurar los proyectos socialistas, autónomos de carácter nacional, convencidamente patrióticos, que junto a otros son vertientes fundamentales de la transformación latinoamericana.

Una de las principales dificultades para ocupar este ensanchado espacio socialista, en muchos países, es la división suicida del socialismo y la falta de una perspectiva clara, razada por una organización unitaria, que supere los años de dispersión. Otro gran obstáculo está en la desarticulación de las distintas fuerzas que luchan por la transformación social. Unir al amplio espectro de la democracia es un logro pendiente que tendrá lugar de acuerdo con la realidad de cada país. Con su unidad conquistó el sandinismo la victoria en Nicaragua. En El Salvador, el FMLN-FDR es pilar de la revolución salvadoreña. Los socialistas, del Ecuador han desarrollado su unidad con nuevos e importantes éxitos. En México se construye el Partido Mexicano Socialista, donde confluyen distintas expresiones. En Chile se despliegan iniciativas para revertir la fragmentación. En Argentina se avanza hacia la unidad socialista. La unidad popular tiene expresiones muy destacadas en la >Izquierda Unida de Perú y el Frente Amplio de Uruguay; en Colombia se ha logrado la unidad sindical y está en marcha un movimiento popular de convergencia democrática y socialista.

En unos casos persiste la división, en otros marcha la unidad en un solo partido, en otros avanzan los frentes. No obstante, es particularmente importante, además, que en el centro de la perspectiva socialista sea cada vez más visible un proyecto autónomo, nacional, democrático y latinoamericanista.

Hoy, la crisis económica ha generado nuevos movimientos sociales, nuevos actores y escenarios políticos en América Latina. No sólo son nuevos sectores los que ensanchan el espacio socialista, sino que aparecen otras formas de organización y militancia con perfiles abiertamente progresistas; desde los grupos que defienden los derechos humanos hasta las comunidades eclesiales de base; la juventud, mujeres, sectores medios, ecologistas, grupos étnicos, todos han contribuido a generar los valores democráticos, no sólo en el proceso político sino en las formas cotidianas de conducta y convivencia.

Consecuentes con este reconocimiento, nuestra contribución a la nueva cultura del socialismo latinoamericano se sustenta en los valores del pluralismo social y político que pretendemos institucionalizar para conquistar y consolidar la democracia. Es la nuestra una lucha por abrir mayores espacios a todas las nuevas formas de convivencia democrática. La democracia que queremos respeta decididamente los derechos humanos y se funda en la decisión soberana y libre del pueblo para elegir entre las distintas pociones sociales y políticas de cada país.

En los últimos años se registra un importante ascenso de la lucha popular; en defensa del nivel de vida, de nuestros recursos e intereses nacionales, por la conquista, de defensa y el desarrollo de la democracia, por la liberación nacional y el socialismo. En la década de los ochenta se ha generalizado la evidencia del agotamiento del modelo dependiente y de la s distintas variantes políticas que coexisten con él. Ello abre de par en par nuevas puertas y más espacios en cada país, por que el escenario de la crisis constituye, para las fuerzas socialistas un desafío al que es posible e indispensable dar respuesta colectiva; la respuesta de Latinoamérica.

La naturaleza de las relaciones entre América Latina y Estados Unidos esta marcada por el intervensionismo en la vida política, económica, cultural y militar de nuestros pueblos; estas distintas formas de intervención pretenden la sepultura del latinoamericanismo y tienen como objetivo evitar el avance de la conciencia socialista. Frente a esto, la vocación unitaria de los socialistas es un acto patriótico de afirmación latinoamericana. Para ello asumimos a plenitud nuestra compleja identidad. Todos estos esfuerzos son aun modestos y tienen no pocos obstáculos que librar, pero son también ambiciosos: nos proponemos organizar las fuerzas del tránsito al siglo XXI reconociendo las potencialidades de la democracia para una comunidad que, en ese entonces, tendrá más de quinientos millones de habitantes.

Los partidos tradicionales del capitalismo son parte del agotamiento del modelo dependiente. No tienen respuestas a las necesidades de las mayorías, ni perspectiva para ellas de un futuro cierto y trascendente.

Los socialistas latinoamericanos luchamos por conquistar, consolidar y profundizar la democracia, con la máxima participación orgánica en los procesos económicos, políticos, sociales y culturales, promoviendo la genuina descentralización política y ampliando la sociedad civil. En la plena vigencia de la democracia transformaremos a nuestras naciones en comunidades independientes y solidaria.

Todo ello demanda el desarrollo programático del perfil socialista y la vocación unitaria para enriquecer la propia tradición de nuestros pueblos, cumplir la tarea histórica de la unidad del socialismos, y dentro de las condiciones propias de cada país, la concertación de iniciativas esta gran tarea requiere del encuentro amplio de las convicciones democráticas para construir una mayoría nacional que termine con la dependencia, haga realidad la justicia social y asuma la responsabilidad del futuro libre e independiente de nuestra patria latinoamericana.

Vivimos tiempos singulares que presagian y exigen cambios profundos en nuestra región. Todo indica que un ciclo histórico está concluyendo y que otro se anuncia ya en la emergencia de la crisis.